viernes, 31 de diciembre de 2010

Un país indolente

Se acaba el año y es momento de otro balance. Encontré esta Crónica de Pirry del año 2006 en mi disco duro sobre el colombiano que diariamente hace patria.


Cuando el gobierno decreta el SMLV para el 2007 en $433.700. Hoy, fecha que adjunto esta crónica el gobierno decreta el salario mínimo para el año 2011 en $532.510. Al parecer nada ha cambiado.

Los sindicatos y el gobierno no les importa hacia quien va dirigido ese decreto, solo les interesa sus cuotas burocráticas, sus negocios y la economía que solo beneficia a unos pocos. Desconocen que cada centavo que ellos conceden determina si se come o no se come.


Igual que ayer los colombianos de vocación, los colombianos anónimos terminan su jornada limpia y transparente, en cambio otros terminan sucios y envidian a personas como Wilber.

Estos son los colombianos que luchan la vida, los que miran adelante a pesar de los problemas, los que hacen patria diariamente. La esencia de los colombianos, los que muestran la cara buena y reconocen que esta es nuestra única patria.


Esa otra clase de colombianos que se enriquecen con la ilegalidad no nos puede obstaculizar seguir caminado, ya es hora de hacer algo de más por este país.



miércoles, 29 de diciembre de 2010

Un fiasco los gestores de paz

Gramalote a mano de Dios





Gramalote es la suma de nuestros errores en la construcción de ciudades y municipios en el país. Construimos sin planificar, construimos en forma ilegal porque los mismos gobiernos no dan las opciones y lugares habitables y la gente construye donde les vendan más barato. el resumen, vendedores de tierras y politicos corruptos. No se realiza estudios topograficos, no existen estudios ambientales. En fin. La construccion del país a mano de Dios


Gramalote. Reportaje El Espectador

lunes, 20 de diciembre de 2010

un solo sentimiento en nuestra tragedía invernal

Después de varios días de analizar nuestra tragedia invernal en que cientos de colombianos lo perdieron todo, imágenes catastróficas en el caribe, el derrumbe vivido en Bello-Antioquia, que enluta y desgarra las fibras más sensibles de un país. Me confunde que nuestros bastiones de la patria aseguren que la suma de nuestros males se dé por un conflicto de Colombia con Dios y con San Pedro.

Cuando estos mismos padres de la patria desviaron el río Sinú para construir el embalse de Urrá; cuando año tras año se desborda el canal del dique por construcciones mediocres y ante eso no se toman medidas contundentes para frenar las constantes inundaciones y el desfalco al presupuesto nacional; megaproyectos impulsados por la clase política donde grupos paramilitares desplazaron comunidades indígenas y comunidades afrodescendientes que defendían su territorio; así mismo conocí que existía un relleno sanitario sobre la parte alta del barrio La Gabriela en Antioquia concedido por nuestra vehemente clase política a empresarios que solo piensan en el dinero; reconocí el espectáculo de las Corporaciones Autónomas Regionales, las cuales son catalogadas hoy como corruptas y burocráticas; reconocí alcaldes ebrios, como el del municipio del Campo de la Cruz del Atlántico al asentir sobre la tragedia invernal en este sector; de la misma manera me di cuenta de los taponamientos a humedales por obras civiles en Mosquera y buena parte de la sabana de Bogota que dejan hoy una terrible realidad.

Inundaciones que sin duda cambia nuestro mapa geográfico del país, los daños ambientales son inmensos y nuestros representantes se reivindican con la corporación “Colombia Humanitaria” y persuadiendo la solidaridad de nosotros los colombianos por medio de imágenes de llanto y dolor que ofrece nuestros canales de televisión pero en un sentido perverso y sensacionalista, mientras que siguen sosteniendo que nos debemos reconciliar con Dios o con San Pedro. Esto no tiene que ver con nuestra religiosidad. La tragedia en este país fue anunciada y las lluvias la han maximizado a un grado de inmenso dolor. Somos un país católico pero se esta abusando con un discurso de solidaridad. La decidía gubernamental me incomoda y cada día muchos colombianos en medio del agua sufren el hecho de ser la continua fuente para financiar el enriquecimiento de unos pocos.